Al duende del arpa
Ya subí a la cima, compré una guitarra
destilé mi infancia fermentada en el consultorio
de un conductivo conductual.
Ya asomé mi cutis al ajetreo constante de la tormenta
Ya besé con las heridas frescas y exprimí los ojos
por un varón de abundantes barbas.
Ya miré a mi madre embarrada de su respectiva vejez
Ya estoy aquí
parada entre la lluvia torrencial del tiempo
y se han ido tantos
Tantos pies han pisado estas calles,
que el monumento de mi corazón
es
patrimonio
cultural
Ya bebí de la embriaguez juvenil
y la sobriedad de los instantes de inevitable madurez
Ya fui
Roca
viento
sal
rayo
olvido
insensatez
Ya fui escoria
inmundicia
función, actor y espectador
víctima y victimario
Ya profesé el idioma de la virtud
y la envestidura de la doble moral
Han sido tantos caminos
tantos rostros
tanto llanto
Y has quedado tú
reflejo de la constancia
Has sido una mano tendida,
te juro amigo que entre todo este infortunio
has sido la mejor soledad compartida.
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